GUERRA Y ARTE: KABUL SE ESTRENA COMO FILIAL DE LA DOCUMENTA
KABUL (dpa) – Los años de guerra han borrado casi por completo el panorama artístico en Afganistán. El resto, lo hizo la prohibición de los talibanes, que consideran el cine, el teatro, la música y las artes plásticas como “contrarios al islam”. Por eso, el afgano Abul Kasem Fuyanyi es especial: a sus 25 años, canta trash metal y pinta oscuros lienzos. Dos de sus obras se exponen ahora en la prestigiosa documenta. Pero en Kabul.
La capital afgana se suma este año escenario de la muestra de arte (posiblemente) más influyente del mundo, que se celebra cada cinco años en la ciudad alemana de Kassel. “Los afganos no se toman muy en serio el arte moderno”, cuenta Fuyanyi. “Explicarles el mío es difícil”. Las instalaciones de este joven que además toca en la banda underground District Unknown se componen de dibujos, trazos y sonidos heavy metal. Intenta evitar temas políticos “como los talibanes o los estadounidenses”, afirma. Aunque en Afganistán, resulta difícil.
“Dolor y conflicto” es lo que ve Farshid Ali, un visitante que se acerca a su instalación, expuesta en un palacio rehabilitado recientemente. “Quizá sea el estado de ánimo”, añade este experto en tecnologías de la información. Sin embargo, “ver algo así en Kabul” también resulta “inspirador”. “Aporta un poco de esperanza en el cambio”.
Durante el dominio talibán, el arte quedó prohibido entre 1996 y 2001. Con todo, después de su derrocamiento el día a día de los afganos sigue marcado por los sangrientos combates con grupos rebeldes. Por eso, la promoción del arte sigue siendo algo secundario para el gobierno afgano. Aunque el panorama artístico sí ha vuelto a florecer en cierto modo en los últimos años, a los artistas locales les sigue resultando muy complicado exponer sus obras en casa.
“La documenta es una exposición muy grande para artistas afganos, y una muy buena oportunidad para nosotros”, dice Fuyanyi. “Pero sobre todo, nos une”. En su opinión, la muestra “crea una relación entre la permanente guerra en Kabul y la guerra que vivió Kassel”. La exposición paralela en Afganistán evoca la historia de ambas ciudades: “Kabul y Kassel, ambas destrozadas por la guerra y necesitadas tanto de reconstrucción física como renovación espiritual”, escriben los organizadores.
El lugar elegido para exponer las obras hasta mediados de julio -en Kassel la documenta se prolonga hasta el 16 de septiembre- es un espacio histórico. Se trata de un antiguo palacio construido por el rey mongol Babur Shah, y para los habitantes de Kabul es un oasis de tranquilidad, en cuyos jardines se reúnen las familias para hacer picnic. El primer viernes, más de 1.500 personas visitaron la muestra, dice Nabila Horachsh, una de las organizadoras. Según afirma, se trata de una oportunidad para vivir algo inusual en Afganistán.
Una de las obras lleva por nombre “Desmoronamiento de la reconstrucción”, del estadounidense Michael Rakowitz. Para su instalación, el autor se hizo con duplicados en piedra de libros destrozados durante la Segunda Guerra Mundial por el bombardeo del Fridericianum, en Kassel. Están hechos con el mismo tipo de piedra que las monumentales estatuas de los Budas de Bamiyan, destruidas por los talibanes en 2001.
Contemplándola, Horachsh explica a un sorprendido visitante del norte de Afganistán cuál es el significado de esta obra de arte: “Es un mensaje al mundo de que nunca jamás volveremos a permitir a nadie que queme nuestros libros históricos.”












